Juan Sebastián Elcano: la Armada nos desvela la historia de su navío más antiguo en activo
El capitán de navío Diego Carriazo recuerda la primera vez que ascendió por la jarcia de uno de los palos del buque escuela Juan Sebastián de Elcano. Subió unos 40 metros de altura, y sin arnés. «Hubo un momento en el que las manos dejaron de obedecerme. Yo quería moverlas y avanzar, pero el puño no se abría; estaba blanco por la fuerza que hacía al agarrarme», explica a ABC. Y eso que no tenía vértigo… El almirante segundo jefe del Estado Mayor de la Armada (2º Ajema), Gonzalo Sanz Alisedo, asiente a su lado. «Miedo no teníamos, quizá algo de inconsciencia juvenil. Al principio daba respeto; al final del viaje no podían bajarte de allí. Nos encantaba disfrutar de la vista desde arriba», sentencia.
Hoy todo sigue igual en Elcano; o casi. «Ahora tenemos arneses», bromea Carriazo. Lo que no hay en este bergantín-goleta es tecnología que valga: en su cubierta prima la tradición, el esfuerzo y el valor. «Algunas cosas han evolucionado, como las comunicaciones, pero en Elcano se izan las velas, se trabajan las vergas y se sube al palo», explica Sanz. Así se hace desde el primer día en que entró en servicio, hace casi un siglo. «Se botó el 5 de marzo de 1927 para enseñar a los alumnos que se preparan para ser oficiales de la Armada, los guardiamarinas. Durante unos meses se les muestra en un crucero de instrucción cómo es navegar a vela y se les pone en el contexto de la vida en el mar», añade el 2º Ajema.
